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Programas de habilidades para la vida dirigidos a niños y adolescentes

  • Los programas de habilidades para la vida son aquellos que fomentan la capacidad de las personas de tomar decisiones y llevar a cabo las acciones que impactan positivamente en sus vidas y en las de quienes les rodean. Uno de los objetivos principales es promover el bienestar psicológico y físico de las personas. Un ejemplo muy común de programas de habilidades para la vida son los que tratan de facultar a los jóvenes para que tomen decisiones responsables y saludables relacionadas son su salud reproductiva, en particular, con el riesgo de VIH. Los programas de habilidades para la vida se perfilan también como una posible estrategia de prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas, dado que dichas habilidades permiten abordar las cuestiones, tanto individuales como interpersonales, que influyen en la comisión de actos de violencia (McCauley et al., 2010). Pese a que los programas de habilidades para la vida relacionados con la violencia contra las mujeres y las niñas son algo relativamente nuevo en contextos de conflicto, existen ejemplos aislados sobre los que desarrollar una base más amplia de prácticas.
  • En situaciones de conflicto, los jóvenes se ven expuestos a una peligrosa mezcla de violencia, pobreza e inactividad. Sin soluciones viables ni modelos de conducta positivos a los que imitar, los jóvenes corren el riesgo de abrazar ideologías militares y de perpetuar ciclos de violencia en sus parejas y comunidades. En cambio, si cuentan con apoyo y recursos suficientes, los jóvenes pueden ser grandes partícipes y líderes de cualquier proceso de reconstrucción.
  • Llegar a la gente joven a través de los programas de habilidades para la vida, tanto en el marco del sistema educativo como al margen de este, ofrece la oportunidad de desarrollar habilidades de liderazgo, de ofrecer formación profesional y de integrar elementos de empoderamiento para las niñas y las jóvenes. Estos programas contribuyen a modificar las normas culturales y a favorecer el cambio social para la siguiente generación. A continuación se ofrecen algunas pautas a tener en cuenta en la implementación de programas para niños y adolescentes (adaptado de McCauley et al., 2010).
  1. Los programas de habilidades para la vida y de formación en liderazgo que abordan la violencia contra las mujeres y las niñas deben estar estrictamente basados en teorías de desarrollo de la juventud, prevención de la violencia y cambio de las conductas de salud.
  2. Realizar un análisis de la situación o una evaluación de las necesidades antes de desarrollar los programas, a fin de entender las necesidades y los deseos de la comunidad y determinar si existen las infraestructuras necesarias o si han de crearse.
  3. Proporcionar espacios seguros donde las niñas puedan reunirse, aprender, construir una comunidad y desarrollar sus habilidades.

Estudio de caso: el programa Espas Pa Mwen de la Red de Adolescentes Haitianas

En 2010, la Red de Adolescentes Haitianas puso en marcha un programa llamado “Espas Pa Mwen” (“mi espacio”, en criollo) para abordar el problema que sufrieron las adolescentes después el terremoto de Haití y que ellas mismas definen como “la falta de emergencia”. Muchas chicas adolescentes declararon no sentirse del todo seguras y carecer de espacios en los que expresarse. Sin estas infraestructuras, las adolescentes no estarían en condiciones de reunir el capital social ni los activos económicos que tanto necesitan. Gracias al programa Espas Pa Mwen implantado por 40 organizaciones en 17 localidades, más de 550 chicas adolescentes dedican algunas horas a la semana a reunirse con otras compañeras, aprender y jugar. Con la ayuda de 36 tutoras capacitadas procedentes de sus comunidades, las niñas se centran en sus intereses, en el desarrollo de habilidades y en ayudarse unas a otras.

Las tutoras están disponibles en todo momento y funcionan como punto de contacto seguro entre las adolescentes y la sociedad. Ayudan a las adolescentes a acceder a los servicios, a negociar en situaciones familiares, a desenvolverse en entornos escolares y en comunidades poco seguras. También les proporcionan contenidos básicos que incluyen 30 horas de materiales, en francés e inglés, sobre temas de salud sexual y reproductiva, liderazgo, participación comunitaria, prevención y lucha contra la violencia, apoyo psicosocial, conocimientos financieros, agua y sanidad. El coordinador de la red es el encargado de elaborar el material, organizar los recursos y proporcionar apoyo técnico. Para poner en práctica este enfoque dirigido a chicas adolescentes, las ONG internacionales movilizaron sus recursos y la Red de Adolescentes Haitianas creó un pequeño fondo de ayuda destinado a apoyar las organizaciones comunitarias y locales, dejando claro que pagan un salario a los tutoras y crean espacios dedicados a las adolescentes.

Al término del primer año de existencia de Espas Pa Mwen, sus líderes han podido extraer varias enseñanzas:

  • Es necesario esforzarse en consolidar un entorno de aprendizaje colaborativo, dado que las organizaciones en contextos de emergencia no siempre generan un clima de confianza recíproca.
  • La presencia de un coordinador de la red es imprescindible para gestionar los múltiples actores de los diversos ámbitos.
  • Importa tanto el número de organizaciones que se implican en programas centrados en las adolescentes como el número de adolescentes que participan en dichos programas, porque revelan una transformación en la cultura institucional.
  • Definir zonas de actividades (por ejemplo, realizando encuestas puerta a puerta mediante el uso del GPS) permite circunscribir la contratación a las personas objetivo. Una contratación regida por la demanda puede pasar por alto importantes segmentos de la población adolescente que son menos visibles.
  • Las adolescentes participaron en una serie de programas de desarrollo de habilidades sanitarias, sociales y económicas y mostraron interés por la formación financiera.
  • La Red de Adolescentes Haitianas insiste en que las tutoras deben cobrar un salario, porque consideran que estas jóvenes mujeres son un importante recurso y que tienen que recibir compensación por su trabajo, ya que suelen enfrentarse a la misma presión que las adolescentes a las que ayudan. Esto provocó cierta resistencia por parte de las organizaciones que están acostumbradas a trabajar con voluntarios.
  • Los espacios de reunión definidos deben garantizar tanto la seguridad física como la privacidad de las conversaciones. Los miembros de la red suelen escoger emplazamientos diseñados para que las adolescentes puedan utilizarlos durante determinados periodos de tiempo.

Para más información, véase la página del Comité Internacional de Rescate dedicada al programa Espas Pa Mwen.

Fuente: extracto de Siddiqi, A., 2012. Missing the Emergency: Shifting the Paradigm of Relief to Adolescent Girls. Coalición para las adolescentes, p. 6.

 

 

4. Determinar qué es lo mejor para la población objetivo, si un modelo basado en la escuela o un modelo dirigido a los jóvenes que no asisten a la escuela. Incluir un análisis de costes, de las infraestructuras de la población objetivo y de los objetivos generales del programa.

5. Dado que la violencia contra las mujeres y las niñas está arraigada en las normas culturales que se plasman en las relaciones interpersonales, es necesario desarrollar una estrategia para implicar a otros miembros de la comunidad además de a la población objetivo (p. ej., las familias de las adolescentes). La participación de los medios de comunicación es una estrategia viable para favorecer el cambio en las normas sociales.

6. Incluir a los jóvenes en el desarrollo del programa cuando la educación entre iguales y la participación de los jóvenes sea fundamental para la puesta en práctica del programa. La colaboración con las organizaciones que prestan servicios a los jóvenes puede abrir las puertas de los espacios juveniles en los que implementar el programa.

7. El aprendizaje de habilidades para la vida podría resultar más eficaz si se combina con programas sobre medios de vida como programas de empleo, de formación profesional o de crédito, que promueven la sostenibilidad a largo plazo.

8. Evidentemente, será necesario desarrollar una estrategia de permanencia en el programa que se ajuste a las necesidades de las adolescentes de la comunidad objetivo. Muchas niñas afrontan a diario dificultades para asistir a los programas debido a sus responsabilidades en el hogar o en la comunidad, o al riesgo de sufrir abusos al ir y volver de la escuela.

9. La eficacia de cualquier programa de habilidades para la vida ha de ser rigurosamente supervisada y evaluada a fin de orientar el desarrollo de nuevos programas de este tipo en el futuro. Las evaluaciones de programas de habilidades para la vida, en particular los que abordan la violencia contra las mujeres y las niñas, son escasas.

Estudio de caso: Actividades de prevención y formación para los jóvenes en situación de riesgo (PATHWAYS)

Este programa ha sido diseñado por el American Refugee Committee (ARC), que estuvo trabajando en la región de Guinea Forestal entre 2005 y 2007, con la ayuda financiera de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). El proyecto tenía como objetivo promover la reconciliación y aplacar los conflictos en las regiones fronterizas de Guinea, una zona con altos niveles de violencia contra las mujeres, dotando a los jóvenes de habilidades para la vida orientadas a la prevención de conflictos. Además, el programa PATHWAYS facilitó el acceso de los jóvenes en situación de riesgo a oportunidades económicas y puso fin a los incentivos económicos derivados del conflicto.

Uno de los objetivos fundamentales del programa consistió en evitar que los jóvenes participasen en actos de violencia. Esto se consiguió mediante dos objetivos secundarios: (1) los incentivos económicos, y (2) el desarrollo de habilidades de adaptación y de actitudes positivas en los jóvenes. El primero de estos objetivos se logró gracias a la identificación de maestros artesanos para contratar a aprendices y a la selección de organizaciones económicas y educativas de ámbito local para formar o contratar a jóvenes. Más de 1000 jóvenes fueron formados por maestros artesanos en ámbitos como la carpintería, la sastrería, la peluquería y la electrónica. El segundo de estos objetivos, centrado en las habilidades de adaptación, las actitudes positivas y las habilidades para la vida, se alcanzó por medio de módulos de formación en aptitudes para la vida basados en los resultados de una evaluación de necesidades. Los módulos fueron impartidos por 14 formadores expertos contratados por el ARC. El módulo 1 incluía conceptos como la conciencia de uno mismo, la identificación de destrezas personales, el desarrollo de actitudes positivas y la construcción de relaciones saludables. En los módulos 2 y 3 se abordaron la prevención de conflictos y la autosuficiencia, incluidas las competencias empresariales. Los módulos 4 y 5 se centraron en la salud, el bienestar y el liderazgo comunitario, incluida la toma de decisiones y la gestión de conflictos, respectivamente. Los formadores expertos presentaron estos módulos a 250 jóvenes animadores a través de juegos de rol, grupos de discusión y otras técnicas de capacitación. Estos, a su vez, los impartieron a 5000 jóvenes beneficiarios divididos en grupos de 20 a 25 personas. En total, se dedicaron 20 horas a la formación. Uno de los mayores retos del programa fue la escasa participación femenina en los debates y las discusiones. Para resolverlo, los jóvenes animadores recibieron una formación acerca de cómo implicar a los participantes más tímidos o poco asertivos, prestando especial atención a las niñas. Aún así, en conjunto, sólo el 25 por ciento de los jóvenes que participaron en PATHWAYS fueron mujeres.

Durante más de dos años, un total de más de 11.000 jóvenes de entre 16 y 35 años asistieron a estos módulos de formación en habilidades para la vida. El programa ha obtenido resultados alentadores: más de la mitad de los participantes han observado una mejora en las actitudes generales respecto de la prevención de conflictos así como una tasa más baja de pobreza. En los dos primeros años, el 36 y 38 por ciento de los jóvenes observó, respectivamente, un aumento de la concienciación sobre la violencia de género y una disminución general de las denuncias por casos de violencia doméstica o sexual.

Para más información sobre el programa PATHWAYS, véase el informe completo.

Fuente: McCauley, H., Falb, K., y Silverman, J., 2010. Addressing Gender-Based Violence Through Life Skills and Leadership Education Among Adolescent Girls in Africa: Technical Review for the International Rescue Committee.

 

Recursos adicionales:

Promoción y protección de las chicas adolescentes (Women’s Refugee Council) PowerPoint.

Promover la protección y el empoderamiento de las niñas en Dadaab, Kenya (Comité Internacional de Rescate y Consejo de Población) PowerPoint y material formativo.

Empoderamiento económico para mitigar el riesgo de violencia de género de las adolescentes en situaciones de emergencia (UNICEF y Comisión de Mujeres Refugiadas) PowerPoint.

Marco de empoderamiento de las niñas en Zimbabwe: Dancing in the Storm: A Girls Empowerment Framework in Zimbabwe (UNICEF) PowerPoint.