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Principios para establecer programas

1.    Es necesario incluir a las mujeres y las niñas en cada uno de los aspectos del diseño y la implementación de proyectos económicos. Los grupos de discusión previos y las consultas individuales con los posibles participantes en el programa deben determinar:

  • qué tipo de trabajo quieren realizar los participantes;
  • qué actividades remunerativas consideran como valiosas y sostenibles;
  • los posibles obstáculos al trabajo, como el cuidado de los niños, la falta de tiempo, etc.;
  • las barreras que obstaculizan el acceso al mercado laboral, como las normas culturales y de género susceptibles de excluir a las mujeres de ciertos tipos de empleo;
  • los riesgos relacionados con la actividad económica, entre ellos, el hecho de trabajar en lugares públicos poco seguros o las reacciones violentas de miembros de la familia, en particular de la pareja sentimental que puede reaccionar mal ante un cambio en las relaciones de poder como consecuencia de la remuneración de la mujer (Ray y Heller, 2009; Chynoweth y Patrick, 2007).

2.    Todos los programas económicos han de ir dirigidos al mercado. Es necesario realizar una prospección de mercado a fin de identificar las oportunidades de mercado, existentes y emergentes, así como la demanda de productos y mano de obra. Las prospecciones deben guiar el diseño de los programas para garantizar que todas las formaciones profesionales, actividades remunerativas y programas de desarrollo empresarial se ajusten a las necesidades identificadas. No es posible propiciar el empoderamiento de las mujeres con programas deficientes que no conduzcan a empleos o ingresos duraderos.

 

Ejemplo: En la provincia de Kivu del Sur de la República Democrática del Congo, las asociaciones rurales pusieron en marcha la iniciativa de microfinanciación Cerdos por la paz, que concede préstamos a las mujeres (no sólo a las sobrevivientes) en forma de cerdos. Gracias a la ayuda proporcionada por una ONG local congoleña de microfinanciación, cada participante del proyecto recibe un cerdo hembra en calidad de “préstamo”. El préstamo se reembolsa con la entrega de un lechón de cada una de las dos primeras camadas paridas por el cerdo de las participantes. Cada participante recibe también un breve curso de técnicas de cría. Estas técnicas abordan el cuidado de los cerdos, temas relacionados con su salud y dieta, y donde encontrar ayuda al respecto en caso necesario. Durante la formación, las participantes conocen a un veterinario al que tienen la posibilidad de consultar de forma regular. Los socios congoleños también ceden a la aldea el primer cerdo macho que ha engendrado.

 

Cerdos por la paz es una iniciativa diseñada con el fin de salvar las distancias que existen entre la existencia marginal de las víctimas de la guerra y su reintegración efectiva en la sociedad de producción. Los cerdos no necesitan grandes espacios para vivir ni gran cantidad de alimentos. Comen de todo y su cría es muy común en las aldeas congoleñas, por lo que no es algo nuevo. Cabe señalar que en el este de la RDC, las mujeres no pueden decidir vender o matar una vaca o cabra para alimentarse o ganar dinero; en cambio, sí pueden hacerlo con el cerdo de la familia.

 

Una evaluación cualitativa realizada en 2010 mostró que en las 210 familias que recibieron cerdos, la iniciativa tuvo efectos positivos para las mujeres. Entre estos efectos positivos está la generación de ingresos para atender las necesidades básicas, de salud y educación. Se está llevando a cabo un ensayo controlado aleatorio a 5 años para determinar la eficacia de la cría de cerdos sobre la salud física y mental de las sobrevivientes.

Para más información sobre el programa, véase el sitio web de Cerdos por la paz.

Fuente: adaptado de Great Lakes Restoration Project.

 

3.   En situaciones con refugiados, las iniciativas dirigidas a los medios de vida deben implicar a los miembros de la comunidad de acogida y a los refugiados, tanto a hombres como a mujeres, a fin de relajar la tensión que provoca la escasez de empleo y el uso de recursos naturales. En los programas dirigidos exclusivamente a las mujeres refugiadas puede parecer que estas se apoderan de las oportunidades económicas o que están recibiendo mayores beneficios por parte de las organizaciones humanitarias (Ray y Heller, 2009).

 

Ejemplo: Malaika Linen Factory es una empresa privada de El Cairo que contrata tanto a mujeres egipcias como a mujeres refugiadas para realizar tareas muy especializadas de bordado. Ofrece una formación de 40 días y paga los gastos de transporte y manutención de las mujeres que participan. El 55 por ciento de bordadoras son egipcias; el 45 por ciento restante son mujeres refugiadas originarias de Sudán, Palestina, Etiopía o Eritrea. Su permanencia en la empresa se basa únicamente en criterios de calidad y a las bordadoras se les proporciona las herramientas y el hilo de bordar. La empresa utiliza el modelo de “formación de formadoras” en que las bordadoras veteranas enseñan las técnicas a las mujeres recién llegadas. Este modelo ha conseguido con éxito integrar a las mujeres refugiadas y egipcias, proporcionar ingresos duraderos y enseñar competencias transferibles.

 

Fuente: extracto de Heller y Timoney, 2009, p. 6.

 

 

4.   Las iniciativas de empoderamiento económico deben tomar en consideración los sectores y proyectos que sean relevantes para el empoderamiento de las mujeres y respaldarlos. Los programas económicos no pueden funcionar de forma aislada y tienen más probabilidades de prevenir eficazmente la violencia contra las mujeres si se coordinan con instituciones, organismos y personas que abordan otros asuntos relativos a la seguridad y condición de las mujeres, como los servicios de salud, el acceso a alimentos/agua y a la educación, la representación política, etc. (Ray y Heller, 2009).

5.    Deberán tomarse medidas especiales para prevenir las reacciones en contra del empoderamiento económico de las mujeres. Los programas sobre medios de vida deben desarrollarse cuidadosamente a fin de prevenir un aumento de la violencia dentro de la pareja o por parte de otros miembros de la familia o la comunidad que puedan sentirse amenazados por la independencia económica de la mujer (Ray y Heller, 2009). Asimismo, es preciso asegurarse de que los nuevos recursos de las mujeres no las conviertan en blancos de la violencia y el robo. Para ejemplos concretos de posibles reacciones al empoderamiento económico, véase: Comité Internacional de Rescate, 2012. Let me not die before my time: Domestic violence in West Africa. Nueva York: Comité Internacional de Rescate.

 

Ejemplo: En los campamentos de la región somalí de Etiopía, el Consejo Danés para los Refugiados concede microcréditos a los empresarios. Inicialmente, el programa estaba dirigido únicamente a los hogares encabezados por una mujer. A causa de su participación, las mujeres han soportado muestras de hostilidad como, por ejemplo, el aumento de agresiones verbales por parte de los varones de la comunidad. La reacción del Consejo Danés para los Refugiados ha sido consultar a los líderes de la comunidad a fin de obtener su visto bueno para el programa e incluir a los hombres entre sus participantes.

 

Fuente: extracto de Krause-Vilmar, 2011, p. 7.

 

6.    Es preciso considerar ante todo las necesidades y riesgos especiales que afrontan las poblaciones marginadas como las mujeres lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales; las mujeres de minorías étnicas; las jóvenes y adolescentes; las mujeres con discapacidades y otras mujeres marginadas. Los estudios han demostrado que, en todo el mundo, las personas marginadas están expuestas a un mayor riesgo de violencia y sufren una discriminación mayor (Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, 2011), y que esta violencia puede aumentar en tiempos de conflicto. Se necesitan estudios para definir las prácticas óptimas para mejorar los medios de vida y aumentar el poder económico de estas poblaciones, y aplicarlas en combinación con otros métodos para prevenir la violencia.

7.   Las intervenciones relativas a los medios de vida deberían tratar de adaptarse a la cultura de las personas y, a la vez, cambiar las normas sociales que perpetúan la opresión de la mujer. La cultura local ha de ser respetada y valorada sin por tanto perpetuar la discriminación basada en el género o el origen étnico. Hay que evitar agravar las desigualdades de género existentes o evitar crear otras nuevas, por ejemplo, ofreciendo a las mujeres únicamente empleos de cuidado de personas, que suelen estar peor pagados (FAO y proyecto Dimitra, 2010).

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