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Resumen

  • Ante las graves dificultades económicas que causan a menudo los conflictos y los desplazamientos, muchas mujeres y adolescentes tienen problemas para mantenerse a sí mismas y a sus familias. Las mujeres que viven en campamentos de refugiados, por ejemplo, no suelen estar legalmente autorizadas para trabajar fuera de los campamentos, y algunas ni siquiera pueden hacerlo dentro (Chynoweth y Patrick, 2007). Su vulnerabilidad económica aumenta el riesgo de ser explotadas sexualmente por los trabajadores humanitarios, los miembros de sus familias o de sus comunidades. Ante la falta de empleos formales, muchas encuentran trabajo en la economía sumergida (recogida y venta de leña, venta en puestos callejeros en zonas poco seguras, etc.), en la que corren mayor riesgo de sufrir violencias físicas y sexuales o de ser explotadas sexualmente. Algunas recurren al trabajo sexual a cambio de dinero o mercancías. Las familias pueden sentirse presionadas para dar en matrimonio a sus hijas a una edad temprana con el fin de conseguir ingresos y/o garantizar el bienestar económico de la niña (Chynoweth y Patrick, 2007).
  • Los programas sobre medios de vida que incluyen la creación de mecanismos de protección para controlar y mitigar los posibles factores de riesgo pueden ayudar a los participantes a reducir su exposición a la violencia y la explotación a la vez que promueven su empoderamiento mediante la formación profesional y el capital social y económico. Estos programas:
    • proporcionan alternativas seguras de generación de ingresos para las mujeres;
    • promueven la creación de espacios seguros donde las mujeres pueden relacionarse y desarrollar su sentimiento de autoestima y autosuficiencia;
    • fomentan la independencia de las mujeres, lo que contribuye a aumentar su capacidad para poner fin a situaciones de explotación o abuso;
    • proporcionan una plataforma en la que abordar cuestiones de violencia, normas de género y desequilibrios de poder en la familia y la comunidad de forma que se tenga en cuenta la sensibilidad de las personas (Chynoweth y Patrick, 2007).
  • Los programas económicos pueden ser de varios tipos, desde simples actividades remunerativas que se realizan en el hogar hasta programas de microfinanciación que incluyen una amplia gama de productos y servicios financieros. Los programas de microfinanciación conceden a las mujeres el crédito necesario para crear microempresas; también pueden incluir un componente de formación profesional o empresarial así como un componente de ahorro. Existe una gran variedad de programas de microfinanciación: desde los dirigidos por bancos acreditados hasta los que surgen a través de las Asociaciones Rurales de Ahorro y Préstamo. Las Asociaciones Rurales de Ahorro y Préstamo son grupos de mujeres que contribuyen a un fondo común, que se utiliza para conceder pequeños préstamos a sus miembros individuales a fin de poder abrir un negocio.
  • A pesar de la ausencia de evaluaciones relativas a estos programas, el incremento en los últimos años del número de programas relacionados con medios de vida en contextos de conflicto ha generado enseñanzas que han permitido esbozar principios y enfoques para una programación segura, destinada especialmente a las mujeres y niñas desplazadas.