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Resumen

  • La mayoría de estructuras de liderazgo en situaciones de conflicto están en manos de hombres, de modo que las voces de las mujeres permanecen muy al margen del liderazgo comunitario, la participación política, la prevención de conflictos y las medidas de consolidación de la paz. Las estructuras que abordan los intereses y las necesidades de las mujeres, cuando existen, se consideran generalmente menos importantes y tienen poco peso en la escena política (UNHCR, 2001).

 

El liderazgo incluye cualquier ámbito en el que las mujeres pueden actuar como agentes del cambio y tomar decisiones en sus sociedades. Esto incluye el liderazgo de ONG y organizaciones comunitarias; organismos del gobierno, el parlamento y otros órganos de decisión política; entidades relacionadas con la economía y los medios de vida; el sistema jurídico y judicial; la policía y la defensa nacional; los servicios sanitarios; la educación, etc.

La consolidación de la paz se refiere a “una gama de medidas dirigidas a reducir el riesgo de aparición o reaparición de conflictos, mediante el desarrollo de las capacidades nacionales en todas las esferas de la gestión de conflictos, y a sentar las bases para una paz y un desarrollo sostenibles” (Comité de Políticas, Comisión de Consolidación de la Paz, citado por Moser, 2007, p. 1).

 

  • Desde 2011, las mujeres representan menos del 8 por ciento de los negociadores de paz sobre los que se tienen datos, y estas negociaciones rara vez abordan cuestiones de violencia sexual (USIP, 2011.). La participación activa de las mujeres en el liderazgo y las iniciativas de consolidación de la paz es fundamental, no sólo para prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas, sino también, para el proceso global de recuperación (Moser, 2007). Omitir la participación de las mujeres tiene consecuencias negativas, tanto para las mujeres como para el conjunto de las comunidades.

Consecuencias de excluir a las mujeres del liderazgo y de las medidas de consolidación de la paz 

Beneficios de involucrar a las mujeres en el liderazgo y en las medidas de consolidación de la paz 

  • Ignorar las experiencias de las mujeres previas al conflicto puede provocar que las señales de aviso pasen inadvertidas, lo que hace que las comunidades estén menos preparadas ante una emergencia.
  • Se postergan o se pasan por alto los temas de preocupación de las mujeres que no participan en el liderazgo de sus comunidades, incluida la violencia sexual. Al no tener en cuenta su opinión en los procedimientos de gestión de los campamentos, por ejemplo, se subestiman sus vulnerabilidades especiales, lo que las expone a riesgos innecesarios.
  • Las negociaciones de paz que no tienen en cuenta la perspectiva de género corren el riesgo de seguir perpetuando la violencia contra la mujer. Por ejemplo, las Comisiones para la verdad y la reconciliación —comisiones creadas después de un conflicto para examinar las infracciones pasadas cometidas por el gobierno o los actores no estatales, en un intento por resolver el conflicto y negociar la paz (véase el apartado VII sobre reforma del sector de la seguridad)— a menudo no logran responder eficazmente a la violencia contra las mujeres y las niñas. Las amnistías pueden llegar a perdonar atrocidades relacionadas con el conflicto, como el abuso sexual, lo que perpetúa una cultura de la impunidad en que los actos de violencia contra la mujer escapan a toda sanción (Steinberg, 2007).

 

 

 

 

 

  • Ha quedado demostrado que la participación activa de las mujeres afectadas por crisis en la identificación de necesidades —así como en el diseño y la implementación de programas para satisfacer estas necesidades— mejora con creces la eficacia y sostenibilidad de los programas, sobre todo de aquellos encaminados a prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas (IASC, 2006).
  • El papel de las mujeres en puestos de liderazgo, sobre todo si han sido capacitadas, es fundamental para concienciar y dar prioridad a las cuestiones de género y violencia (Bouta y Frerks, 2002). La participación de las mujeres contribuye a:
    • identificar la violencia contra las mujeres y las niñas como un problema grave y a incrementar las medidas de prevención;
    • mejorar el apoyo y los servicios a disposición de las mujeres locales, en particular de las más vulnerables a la violencia;
    • alentar a las mujeres a plantear sus necesidades y romper con el silencio que rodea el tema de la violencia sexual (ACNUR, 2001);
    • formar una masa crítica de mujeres con poder que puedan fomentar la adopción de legislaciones favorables para las mujeres (USIP, 2011).
  • Los estudios han revelado que la participación de las mujeres en las conversaciones de paz puede:
    • aportar nuevas competencias y formas para resolver un conflicto;
    • reducir el uso inadecuado de las armas o la fuerza;
    • lograr un mayor apoyo de la población local a los procesos de paz;
    • tender puentes entre las importantes diferencias de índole étnica y cultural a partir de los intereses comunes a todas las mujeres (Bouta y Frerks, 2002).

 

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