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Abordar los desafíos

Se pueden presentar una variedad de desafíos que reducen la eficacia de los grupos de apoyo, tales como:

  • La facilitadora domina las sesiones de grupo y puede intentar resolver problemas personalmente en vez de hacer participar al grupo en el proceso de solución de problemas. Esto puede ser un impedimento para el proceso y desarrollo efectivo del grupo, y hacer que las participantes vean a la facilitadora en una posición de poder. Tal dinámica de poder puede obstaculizar el empoderamiento y cohesión del grupo y reforzar la sensación de indefensión e incompetencia de las participantes.
  • La facilitadora tiene expectativas fijas preconcebidas y estereotípicas respecto a cómo se comportarán las sobrevivientes, lo que puede llevar a pasar por alto o ignorar emociones tales como la ira o depresión. Esto puede despojar de poder a las participantes.
  • La facilitadora se presenta a sí misma como experta, en vez de apoyar y reafirmar a las sobrevivientes que ellas son las expertas en su propia vida.
  • La facilitadora intenta evitar el silencio. Sentir la presión del tiempo o sentirse incómodas con el silencio puede conducir a algunas facilitadoras a hablar siempre que haya silencio. Esto interrumpe el flujo natural de la conversación y el proceso del grupo. El silencio es un aspecto necesario del trabajo de grupo. Le da tiempo a las participantes para que piensen y reflexionen, y puede generar una tensión que obliga a las integrantes del grupo a buscar soluciones.

Los refugios deben desarrollar prácticas para evitar y atender estos desafíos habituales, tales como:

  • Proporcionar suficiente capacitación y supervisión regularmente para las facilitadoras de grupos de apoyo.
  • Invitar a las participantes a que den su opinión sobre las sesiones de grupo para destacar las dificultades inminentes y responder a las inquietudes que expresan las participantes.
  • Establecer e informar a las participantes sobre el procedimiento de quejas del refugio al comienzo del grupo.
  • Crear oportunidades para que la facilitadora y la cofacilitadora se controlen mutuamente y expresen su opinión.
  • Asegurar que las facilitadoras conserven registros continuos o diarios reflexivos sobre el grupo a efectos de evaluar su experiencia y contar con un respaldo en relación a cualquier problema que surja.
  • Considerar la creación de una red de facilitadoras en la comunidad como un medio de apoyo y oportunidad para el desarrollo a los aspectos particulares de facilitar grupos.

La violación de las reglas, que puede ser tratada indicando claramente al grupo que la violación fue notada, y la utilización de técnicas eficaces para abordarlas.

La violación repetida de las normas debe ser atendida en una sesión privada con la mujer para conversar sobre su comportamiento y comprender el mismo, y para tratar de llegar a un acuerdo sobre cómo puede ser resuelta.

Excluir a una integrante en determinadas circunstancias si es necesario, por ejemplo, si el comportamiento de una integrante impide el funcionamiento del grupo y:

  • Pone en peligro la seguridad del grupo
  • Divulga información personal sobre las integrantes a personas ajenas al grupo.
  • Asiste al grupo mientras se encuentran bajo la influencia grave de alcohol u otras sustancias
  • Rompe las reglas o el contrato escrito del grupo repetidamente
  • Se comporta de forma abusiva con las otras integrantes del grupo

Usar estrategias adecuadas para excluir a una integrante del grupo. Incluye:

  • La exclusión no debe ser debatida frente a la otras integrantes del grupo
  • Se le debe manifestar a la integrante en una sesión individual, brindándole la oportunidad de conversar sobre el problema y explicándole de forma afectuosa y firme los motivos por los cuales ella no está invitada a continuar en el grupo
  • Se debe hacer referencia a las reglas y el acuerdo originales que no fueron respetados, en caso de ser necesario
  • Ofrecer respaldo a la persona para acceder a otros servicios más adecuados que no son en grupo (por ejemplo, sesiones de orientación individual)
  • Trabajar con la mujer para completar una evaluación de los riesgos y plan de seguridad.

Lidiar con conflictos repetidos en el grupo puede ser el resultado de mujeres que traen patrones de conductas dominantes o sumisas al grupo, de acuerdo con sus experiencias de abuso. Esto puede generar tensión entre las integrantes del grupo y la facilitadora (por ejemplo, la percepción de que la facilitadora es demasiado exigente o exige demasiada independencia de las integrantes del grupo) Cuando se repiten esos patrones de conflicto, es importante analizar las razones del conflicto lo antes posible y tratar de resolverlo.

Por lo general el manejo del conflicto implica:

  • Definir el problema, mediante la identificación de los diferentes problemas y necesidades de las personas en cuestión
  • Considerar soluciones alternativas al problema
  • Escoger qué solución o soluciones se deben implementar
  • Actuar para implementar la solución

Las estrategias específicas de manejo del conflicto que pueden utilizarse incluyen:

  • Tomar decisiones constructivas. Si un tema conflictivo preocupa a todo el grupo, hacer participar al grupo en el proceso de toma de decisiones puede empoderar a sus integrantes. Con esta estrategia, las integrantes del grupo participan en la discusión de un problema y llegan a un consenso sobre la acción a tomar. Es importante que todas las integrantes del grupo sientan que su opinión se considera importante y se respeta durante tales procesos.
  • Concentrarse en el problema y no en la persona. En las situaciones de conflicto, las personas tienden ponerse del lado de una de las partes. Es importante que las facilitadoras tomen un enfoque sin reproches, y usen un lenguaje que separe a la persona del problema.
  • Utilizar mensajes en primera persona (“yo”), que permiten a una persona afectada por el comportamiento de otra persona describir cómo se siente afectada personalmente por el comportamiento, y hacer responsable a la persona que tiene el comportamiento para que cambie de actitud. Esta técnica es útil para el desarrollo de relaciones entre las integrantes del grupo.
  • Retroalimentación reflexiva, que implica que una persona repita lo que ha entendido de lo que dijo la otra persona. Por ejemplo, “Escuché que usted preferiría ________” o “Entiendo que cuando el grupo conversa sobre __, usted se siente presionada para adquirir un compromiso/tomar una decisión sobre ___”.

Es importante tener presente que la resolución del conflicto puede ser una experiencia positiva. Los aspectos positivos de la resolución del conflicto pueden incluir:

  • Mejorar la concienciación de las mujeres respecto a sus propias necesidades en una situación (por ejemplo, la necesidad de sentirse seguras, ser escuchadas, apoyadas, etc.) y su capacidad para comunicar esas necesidades (por ejemplo, a través de la participación en discusiones de grupo y solución de problemas de forma conjunta, etc.).
  • La resolución de conflictos implica escuchar las opiniones de los demás y reflexionar sobre ellas, lo que puede ayudar a las mujeres a experimentar formas pacíficas de resolución de conflictos.
  • Las sobrevivientes pueden estar acostumbradas a temer el conflicto debido a sus experiencias con conflictos que desencadenaron en violencia. Crear experiencias en las cuales el conflicto es resuelto de forma constructiva y sin violencia puede demostrar a las mujeres que los conflictos no siempre causan violencia.

(Basado principalmente en la orientación en The Power to Change; Martins, et. al., 2008)

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